Cachorros

Publicado por Telepienso .com en

El veterinario, actualmente, no es la persona que cuida sanitariamente a las mascotas: no sólo debe curar las patologías que aparecen en los animales sino que debe prevenirlas en la medida de lo posible.

Todo el mundo entiende la prevención: vacunas, desparasitaciones internas y externas, chequeos sanguíneos periódicos, revisiones cardíacas regulares conforme avanza la edad, revisiones dentales con posibles limpiezas de boca…. Pero nos olvidamos a veces de una parte muy importante de la vida de la mascota y que puede desencadenar verdaderos problemas: el comportamiento. Quizás con la intervención de los profesionales (veterinarios, educadores) y de los dueños en este campo se disminuirían los porcentajes de sacrificios realizados por graves problemas de comportamiento.

El veterinario debe asesorar sobre la elección del cachorro y sobre su educación. Si estamos ante el caso de la compra de un cachorro, debemos saber qué le ha pasado antes de llegar a nuestras manos: cómo fue la camada, en qué condiciones estaban, cómo fué el desarrollo hasta el momento en que lo recibimos…
Todos los cachorros pasan por etapas que están perfectamente definidas y estudiadas y que son, cuanto menos, curiosas para la persona profana en la materia:
  1. fase neonatal: en las dos primeras semanas el cachorro practicamente duerme, come y elimina las secreciones gracias al estímulo de la madre. Es bueno en esta etapa que el criador o dueño de la camada manipule al cachorro; cuantos más estímulos tenga, mejor.
  2. fase de transición: empieza a eliminar las secreciones de forma individual, comienzan los juegos y comienza a interaccionar con el entorno. Todo esto en la tercera semana de vida.
  3. fase de socialización: hasta los tres meses y en la cual DEBE relacionarse con seres de su misma especie (resto de hermanos, otros cachorros, adultos sean o no sus padres) y con seres humanos. Quizás esta sea la fase crucial que determinará el carácter futuro del animal. Es en esta fase donde el dueño puede y debe intervenir.
  4. fase juvenil, que se extiende hasta la madurez sexual y donde se termina de moldear su carácter de adulto.
Los primeros momentos del cachorro en casa deben ser de adaptación y conocimiento. Es fundamental la actitud que tengan el dueño o dueños con él en las primeras horas o días en la nueva casa.

Cachorro sucioSe debe ser comprensivo y coherente. Ahora es el dueño el que debe castigar y premiar al cachorro según actúe; los castigos pueden ser parecidos a los que le infringe la madre (o el adulto moderador) cuando le riñe: cogerlo del pellejo del cuello y zarandearlo suavemente o empujarle ligeramente con la mano como señal de parada. Los premios pueden consistir en golosinas de cachorro o simplemente una bolita de pienso; a veces, sólo una caricia o una palmadita son suficiente recompensa para él.

Al igual que en la educación de los niños, los dueños deben acompañar, a una distancia prudente, al cachorro en la exploración del entorno; si se cae o supera algún obstáculo, no debemos correr a consolarle ni tampoco elogiarle con excesivas manifestaciones; debemos actuar de forma serena frente a él.

Tampoco debemos castigarle con el collar o correa, no debemos causarle dolor físico, no debemos castigarle por cosas que ha hecho en el pasado, ser desproporcionados con el castigo-falta cometida, no debemos estar enfadados largos periodos de tiempo por el castigo…

Hay que ser coherentes con los castigos y con los premios (igual que con los niños). Esto no quiere decir que debemos estar continuamente riñendo al cachorro: hay momentos para todo y el juego es un gran aliado para enseñarle a comportarse. El juego, eso sí, lo debe iniciar y terminar siempre el dueño.

Otra lección que debe aprender el recién llegado es que debe dejarse manipular. El cepillado diario, la limpieza rutinaria de ojos, de oídos, de boca, la revisión de los dedos y almohadillas al regresar del paseo (cuando pueda salir a la calle) deben constituir un hábito habitual para ellos. Con la aceptación de esta manipulación (que no debe entenderla ni como un juego ni como un castigo sino como algo natural que forma parte de su vida cotidiana) conseguiremos dos cosas: la aceptación del dueño como referencia jerárquica y la predisposición que tendrá en un futuro para poderle administrar medicamentos, para dejarse curar cualquier tipo de herida, para dejarse inspeccionar y detectar cualquier anomalía… Si esto se consigue, los tratamientos veterinarios serán más efectivos y menos tediosos para el dueño y para el veterinario: puede ser realmente desesperante el no poder dar un comprimido oral a un perro que no esté acostumbrado a que le abran la boca, o no poder poner gotas en los oídos a un gato que jamás ha consentido inspeccionarle las orejas, o simplemente, aplicar un tratamiento dérmico a mascotas que no se han dejado nunca cepillar el pelo de forma rutinaria.

Las órdenes deben ser tajantes, con vocablos cortos (no, bien, mal, fuera…) y, sobre todo, hay que tener mucha, mucha paciencia además, claro está, de mucho, mucho cariño. Debemos “perder” mucho tiempo con los cachorros; son (como los niños) “esponjas” de conocimiento. En nuestras manos está un alto porcentaje del éxito del buen comportamiento del perro o gato de adulto.

Debemos observarles, conocerles, aprender incluso de ellos, y  la convivencia y la compañía serán muy agradables si todos, dueños y mascotas, somos educados y respetuosos; hay que saber disfrutar de ellos y con ellos.
 
JC Cartagena 
María José Catejón Domper 

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